¿por qué mi hija sufre anorexia?

¿por qué mi hija sufre anorexia?

La anorexia no puede atribuirse a un único factor, sino que se puede explicar por una conjunción de factores de varias esferas: personal, familiar, cultural-social, ambiental, etc.

En este sentido se han acotado una serie de factores de riesgo que definirían a las personas, con mayor predisposición a padecer esta enfermedad.

Hay factores de riesgo individuales, como son características de la personalidad tales como perfeccionismo, baja autoestima, tendencia a obsesionarse, cierta rigidez de pensamiento, etc que son características que parecen compartir las personas que se encuentran afectadas por anorexia. Incluso hay vinculación entre padecer anorexia y otros trastornos del estado del ánimo como la depresión.

Por un lado parece haber una predisposición genética vinculada a un mal funcionamiento del sistema serotinérgico, no estando claro si este mal funcionamiento sería previo a la enfermedad o consecuencia de ello. Lo que sí que resulta evidente en estudios de genética familiar es que hay una predisposición genética a sufrir este trastorno, aunque como veremos luego, el sistema familiar también juega un papel fundamental.

El inicio de la pubertad parece ser un momento crucial en el desarrollo de este desorden alimentario. La segregación de hormonas en este periodo produce cambios en el cuerpo, como la aparición de los caracteres sexuales secundarios y aumento de peso. También hay cambios psicológicos en esta etapa importantes en la configuración de la propia identidad y autoimagen. En este sentido hay estudios que vinculan la pubertad temprana con riesgos de padecer TCA.

El haber sufrido sobrepeso en la infancia unido a la presión social puede llevar a una mayor insatisfacción corporal y por tanto también un mayor riesgo a que se desarrolle una anorexia u otro TCA.

La cultura de la imagen imperante en nuestra sociedad no ayuda nada. No solo se muestran modelos jóvenes, muy delgadas y sin curvas, sino que se recurre a distorsiones del cuerpo de la mujer a través del Photoshop que son imposibles de reproducir en cuerpos reales (cinturas estrechas imposibles, alargamiento de extremidades, desproporción entre tamaño de cabeza y cuerpo, oquedades donde corresponden carnes, etc).

También influyen las relaciones interpersonales, y dentro de estas parece ser que las relaciones familiares son las que más influencia ejercerían entre los adolescentes, por encima de las relaciones entre amigos. Mellor destaca la influencia de los padres sobre los hijos como “el factor de riesgo más grande de insatisfacción con el cuerpo y de pérdida de peso entre adolescentes de ambos sexos”, sugiriendo que “la familia desarrolla un papel mucho más importante entre los adolescentes, que los amigos y los medios de comunicación”. En este sentido cuando los padres controlan demasiado la alimentación de sus hijos y cuando ejercen presión para que se mantengan delgados (o cuando los padres también viven obsesionados con el propio peso) pueden contribuir a que los hijos desarrollen una imagen corporal negativa con riesgo de realizar conductas de riesgo para la salud.

Aunque por otro lado Shroff y Thompson indicaron que “las influencias de los compañeros, pero no de los padres, se asociaron con la internalización del ideal de delgadez y con comparación social entre las niñas”. Otro estudio, esta vez por Schooler y Trinh, vincula el perfil de uso de la televisión como predictor de insatisfacción con la imagen corporal en niñas, así como el uso de redes sociales y la composición de ideal corporal.

Pero hay muchas personas que cumplen estas características, y se ven igualmente presionados socialmente por mantenerse delgados, pero no desarrollan ningún desorden alimentario. Es por ello que necesitamos además de estos factores de riesgo de otros factores que desencadenen la anorexia.

Entre estos factores tendríamos empezar a realizar dietas restrictivas junto a un ejercicio físico excesivo, sufrir cambios físicos y emocionales rápidos, situaciones de estrés y ansiedad, rupturas o pérdidas, trastornos emocionales de algún tipo, que acelerarían el avance de la enfermedad y provocarían la entrada en un círculo vicioso.

Entrarían igualmente en juego factores mantenedores; agravando la situación, acelerando la pérdida de apetito y pérdida de peso, actuando como reforzadores de la conducta. Entre estos factores estaría el miedo obsesivo a engordar, es decir a volver a estar “gorda/o”. Podría producirse un rechazo total a la comida, una fobia a la misma y al acto de comer. La propia desnutrición y desbalance metabólico provocaría falta de energía, de motivación, que no contribuiría a sentirse mejor consigo mismo, a la par que una desnutrición prolongada provoca cambios en los neurotrasmisores que podrían alterar circuitos de recompensa y placer y producir distorsiones cognitivas sobre la realidad de la propia imagen (se verían siempre gordos).

Llegados a este punto, en el que es patente la existencia de un problema serio, la presión de los demás para que abandonen sus dietas, podría tener un elemento reforzante por la atención que ahora se vierte sobre ellos, pero también un componente de resistencia al cambio, que contribuiría a evitar situaciones en las que está presente el comer: comedores del colegio, comidas familiares, reuniones con amigos, etc. Que puede tener consecuencias en sus relaciones sociales, empeorando estas y agravando el problema de autoestima y autoimagen.