¿Qué es la Terapia Cognitivo Conductual?

La Terapia Cognitivo Conductual (TCC o CBT, en inglés) es un tipo de terapia que está avalada por la comunidad científica y médica como eficaz para tratar trastornos psicológicos como la depresión y la ansiedad. Es el tipo de terapia más estudiado, más demandado y de uso más extendido en el mundo. Además en esta vertiente de la psicología están basadas las corrientes más novedosas en terapia actualmente, como el Mindfulness, la Terapia Dialectal Cognitiva y la Terapia de Aceptación y Compromiso, por citar algunas.

Estas modalidades tienen en común tratar el problema actual sin indagar en profundidad sobre los problemas pasados teniendo como premisa que las dificultades que se nos presentan se derivan de la interpretación que hacemos de determinados sucesos más que de los sucesos en sí que se producen. Así se centran en establecer las relaciones que se producen entre los pensamientos, los sentimientos y nuestras actuaciones. Se busca un cambio en nuestra manera de pensar para sentirnos y para actuar de una manera más adaptativa.

El Dr. Aaron Beck ha sido el fundador del Beck Institute en Philadelphia y el creador en los años 60 de esta corriente que ha supuesto una auténtica revolución en la manera de hacer terapia. Psicoanalista de formación, narra que llevando ya varios años de experiencia como psicoterapeuta, encontraba que algunos pacientes se encontraban anclados en terapia. De manera instintiva empezó a preguntar a sus pacientes lo que ellos pensaban de la terapia, y lo que pasaba por la mente de sus pacientes cada vez que notaba un cambio en la afección de los mismos. Suele contar en sus cursos y conferencias el caso de una paciente que manifestó que le daba reparo lo que el terapeuta podría pensar de ella. Decidió trabajar el origen de este reparo y descubrió en la paciente una creencia sobre sí misma que marcaba todo su sistema de pensamiento y que le dirigía a focalizar su atención sobre cualquier acontecimiento que validase esta creencia ignorando todo lo demás. La realidad que esta paciente percibía estaba filtrada (y por ende distorsionada) por el sistema de creencias que sobre sí misma, sobre los demás y sobre su entorno había elaborado a lo largo de su vida. Decidió establecer una serie de cambios conductuales en la paciente con dos objetivos: primero conseguir activar a la paciente de manera que pudiera ganar confianza en sus competencias y elevar su ánimo introduciendo actividades placenteras, y segundo, conseguir desafiar esas creencias contrastándolas empíricamente y desmontándolas. Los cambios producidos en sus pacientes fueron más rápidos y más duraderos en el tiempo que con su original forma de terapia. Gracias a su colaboración estrecha con la Universidad de Philadelphia tuvo acceso a la validación científica de sus teorías, a poder mejorar sus técnicas y profundizar en el estudio de como producir cambios en la cognición duraderos y estables. Hoy por hoy su labor la ha continuado su hija la Dra. Judith Beck, quien se encuentra ahora dirigiendo el Beck Institute for Cognitive Therapy desde donde se forma directamente se certifica a los terapeutas en CBT.

Actualmente en las universidades se enseña a los futuros psicólogos mayoritariamente en los principios de esta corriente, pero consideramos que es imprescindible contar con una información sólida en las distintas técnicas cognitivas a aplicar para que de un sentido unitario y coherente a la terapia aplicada en los pacientes. Esta formación se puede encontrar en distintos programas de postgrado ofertados por las universidades, y también formándose directamente en el origen, aprendiendo de la experiencia y enseñanzas de Aaron y Judith Beck y de su equipo en Philadelphia.

En nuestra consulta hemos preferido seguir este último camino que consiste en varias etapas. La primera es un curso introductorio con las técnicas esenciales de la CBT, la segunda es el nivel de profundización con sus cursos principales en Ansiedad y Depresión. La tercera es la especialización en trastornos concretos, como los Trastornos Alimentarios, los Trastornos de Personalidad, los pacientes suicidas, las adicciones, etc. A lo largo de esta formación es obligatorio seguir una supervisión por parte de clínicos del propio Instituto Beck.

¿Estoy deprimido?

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La depresión es la causa más frecuente de buscar ayuda profesional entre todos los problemas de salud mental. hay estudios que apuntan a que uno de cada cuatro adultos sufre o ha sufrido de depresión. La depresión es un trastorno del estado de ánimo y se describe con términos como tristeza, desasosiego o malestar. es muy común experimentar problemas atencionales, pérdida de energía, pensamientos acelerados, preocupaciones intensas, trastornos del sueño, falta o aumento del apetito y otras manifestaciones físicas.

SINTOMAS DIAGNÓSTICOS

Decimos que una persona está deprimida si manifiesta al menos cinco de los siguientes síntomas:

Estado de ánimo deprimido, la mayor parte del día o casi todos los días
• – Un interés marcadamente reducido en todas o casi todas las actividades
• – Una importante ganancia o pérdida de peso, o trastornos del apetito
• – Insomnio o sueño excesivo
• – Agitación o retraso psicomotor (nerviosismo o inquietud)
• – Un bajo nivel de energía o cansancio crónico
• – Sentimientos de inadecuación, pérdida de la autoestima, y/o auto desprecio
• – Atención o concentración disminuidas, o incapacidad de pensar claramente
• – Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio, expresión de un deseo de estar muerto

¿QUÉ CAUSA LA DEPRESIÓN?

Hay multitud de causas y cada caso es único, dado que es necesaria la combinación de factores personales, sociales y situacionales, pero de acuerdo a evidencia clínica hay dos causa desencadenantes primordialmente de un episodio depresivo:

1. Una pérdida importante y repentina, como la muerte de un ser querido, el empleo, la ruina económica, etc
2. Un periodo de estrés importante y prolongado, en el que se produce conflictos o dificultades a lo largo de un periodo de varios meses.

¿QUÉ LE PASA A MI CEREBRO QUÍMICAMENTE?

La depresión aparece cuando hay bajos niveles de serotonina en el cerebro. La serotonina es un neurotrasmisor de acción lenta que se relaciona con el sueño, con el apetito, el estado de alerta, la energía y cómo no, con el estado de ánimo. La serotonina de nuestro cerebro se consume en cantidades más elevadas cuando estamos bajo estrés. Si nuestro estrés es alto y prolongado consumiremos más serotonina de la que nuestro cerebro es capaz de producir. También hay personas que son más sensibles a estos procesos por causas genéticas, y personas que por temperamento o por causas fisológicas son más propensas al estrés. En estas personas este proceso puede ser más acelerado o sufrirse con mayor intensidad.
Los bajos niveles de serotonina hacen que durmamos menos y peor, que estemos más cansados, que sintamos menos energía para hacer cosas que nos gustan y que perdamos capacidad de concentración para las tareas habituales que antes hacíamos sin esfuerzo. También podemos tener el estado de ánimo alterado, rompiendo a llorar por cualquier cosa y en cualquier momento. Además nuestro pensamiento va a estar acelerado, lo cual va a hacer que estemos dando vueltas a ideas y pensamientos sin parar: La mayoría de pensamientos que nos vengan serán recuerdos desagradables, pensamientos de culpa y preocupación. Cualquier intento de alejar esos pensamientos de nuestra mente va a ser infructuoso lo que nos va a torturar todavía más.

¿TIENE TRATAMIENTO LA DEPRESIÓN?

Hay dos opciones para tratar la depresión: a nivel médico, con fármacos antidepresivos, y a nivel psicológico, con terapia principalmente terapia cognitivo conductual. Hay estudios que dicen que la terapia cognitivo conductual es tan efectiva como los fármacos y que presenta menor índice de recaída a su término que la terapia farmacológica. La razón es que cuando dejamos los antidepresivos, si no hemos adquirido unos hábitos «sanos» de pensamiento y de «cuidado mental» hay una alta probabilidad de que volvamos a caer en depresión.

El tratamiento de elección para las personas que presentan una sintomatología acusada es combinando fármacos antidepresivos y terapia congnitivo conductual, de manera que instauramos una «vacuna» para la depresión para no recaer en ella, o si lo hacemos, aprender a reconocer patrones y signos de alarma antes de que se instaure completamente.

Si tras leer este articulo piensas que puedes estar deprimido, busca la opinión de un profesional de la salud mental: un psicólogo clínico o sanitario o un psiquiatra. Son los únicos profesionales adecuados para guiarte en el mejor tratamiento para tu caso.

¿Qué es la ansiedad y qué la provoca?

La ansiedad es un mecanismo de defensa, de alerta ante situaciones que percibimos como amenazas. Es un estado psicobiológico que se produce en todas las personas y que nos ha servido como especie para la supervivencia. La ansiedad tiene una función adaptativa que permite movilizar nuestro cuerpo, mantenerlo alerta y preparado para actuar ante situaciones de riesgo: huir, atacar, afrontar, adaptarse, etc

Para explicar en qué sentido la ansiedad nos ayuda podemos imaginarnos una situación de posible peligro. En esta situación pensemos qué sería mejor ¿prepararse y anticiparse a la situación y que más tarde esta situación peligrosa no llegase a producirse? ¿Obviar las señales de alarma y que finalmente la situación de peligro se dé y no sepamos cómo actuar? Obviamente la postura más adaptativa se produce en el primero de los casos, en el que la ansiedad cumple la función de preparación y de alerta, que nos permite dar una respuesta adecuada (adaptativa).

¿Pero qué ocurre cuando vivimos en un estado de alerta permanente incluso en situaciones que no suponen amenaza ni peligro? En estos casos el mecanismo de la ansiedad se encuentra alterado, y ya no nos sirve de ayuda, incluso nos dificulta en la vida diaria. Es cuando decimos que la persona sufre de ansiedad generalizada. Además de la ansiedad generalizada existen varios trastornos de ansiedad, cada uno con características propias pero compartiendo siempre la ansiedad como emoción negativa y con sintomatología física.

¿Qué síntomas tiene un trastorno de ansiedad?

Hay una serie de síntomas que nos indican a los clínicos la existencia de un trastorno de ansiedad.

Se puede tener síntomas físicos, como la falta de aire, palpitaciones, dolor en el pecho, náuseas, cansancio, tensión, rigidez, mareos, etc.

A nivel de conducta los síntomas se manifiestan como un estado de alerta permanente, hipervigilancia, impulsividad, nerviosismo, alteración motora, etc

Los síntomas de índole psicológica suelen ser inquietud, agobio, temor, miedo a perder el control, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, sensación de extrañeza, ganas de huir, irritabilidad, preocupación excesiva, confusión, tendencia a revivir momentos desagradables, bloqueos, quedarse en blanco, etc.

¿Por qué tengo ansiedad?

Como todos los trastornos de índole psicológica los trastornos de ansiedad están producidos por una combinación de factores que nos predisponen a ello: genética, nuestra personalidad, nuestra manera de afrontar el estrés, el estilo de vida que llevamos, etc. unido a algún factor o acontecimiento desencadenante que se vive como desbordante de nuestros recursos. 

En la mayoría de estos casos encontramos unos factores ligados a como gestionamos la ansiedad que pueden favorecer a que este estado alterado se mantenga en el tiempo e incluso contribuir a que empeore.

En algunos casos el consumo de estimulantes o de drogas puede llevarnos a estos estados alterados de ansiedad, incluso en momentos de no consumo.

¿Cómo puede ayudar el psicólogo con mi trastorno de ansiedad?

Principalmente trabajando en cómo haces frente a la misma, educándote en técnicas para lidiar con ella. También proporcionar alivio ayudándote a aceptar sensaciones y emociones ligadas a la ansiedad.

Fuente: Marian Lacruz – Psicóloga en Valencia. Especialista en Trastornos de Ansiedad y Depresión. Adicciones.

El Poder de lo Simple

El Poder de lo Simple

El Poder de lo Simple

Desde hace años vengo utilizando este libro en mi consulta de psicología en Valencia como ayuda para mis clientes a hacer cambios que simplifiquen aspectos de su vida y les liberen para centrarse en aquellas cosas que más les interesan y que les aportan mayor bienestar y felicidad. Hoy lo quiero compartir con todos vosotros.

El libro da unas pautas simples, como no podía ser de otra manera, para identificar aquello que es esencial para nosotros y a eliminar el resto en la medida de lo posible. Nos habla de la importancia de simplificar, que no siempre tenemos presente, y de cómo establecer nuevos hábitos para llevar a cabo este  reto de simplificar. Hace un repaso a todos los aspectos de nuestra vida, nuestras tareas, nuestro trabajo, nuestro hogar, nuestros proyectos, nuestros sueños hasta nuestra salud y forma física y da pautas prácticas para ir reduciendo ruido y preocupaciones que nos apartan de lo que realmente es importante para nosotros.

Leo Batauta, el escritor de este gran libro, es periodista y blogger de gran éxito gracias a sus publicaciones en Zen Habits, donde aplica principios de filosofía budista a nuestra apresurada vida occidental, pero tranquilos: no habla de religión, ni budismo ni centra su discurso en la meditación y el karma. Sí que nos incita a hacer las cosas más despacio y a elegir siempre la forma más sencilla de realizar las cosas, en disfrutar el camino y no apresurarnos por alcanzar objetivos. Aboga por la planificación y la organización, pero también a tratarnos con cariño y a saber perdonarnos si nos hemos desviado de nuestro objetivo.

Este libro ha vuelto a ser editado en 2016. Estoy segura de que os va a ser de gran utilidad.

Podéis encontrarlo en Casa del Libro. Os dejo un enlace directo al libro.

¿Cómo ayudar como padres a nuestro niño con TDAH?

¿Cómo ayudar como padres a nuestro niño con TDAH?

El niño con TDAH suele presentar problemas de conducta debido sobre todo a su impulsividad y dificultades para controlarse y un adecuado manejo de la respuesta por parte de los padres es fundamental para evitar que estos problemas afecten a la dinámica familiar . Por ello incluyo en  el tratamiento de los niños hiperactivos unas sesiones con los padres sobre técnicas de modificación de conducta, las cuales, por otro lado, son también muy útiles para problemas de conducta en niños sin TDAH. estas sesiones se llevan a cabo en nuestro centro de psicología en Valencia de la mano de expertos en déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

En estas sesiones se entrena a los padres en observación, registro y análisis de las conductas del niño, instrucciones para dar órdenes de forma clara y eficaz, y se les entrena en la utilización del refuerzo positivo (alabanzas, atención positiva, economía de fichas) y en procedimientos para la eliminación de conductas como la retirada de atención, el tiempo fuera, el coste de respuesta y la sobre corrección y el castigo.

Se busca que los padres adopten un estilo educativo basado en la utilización coherente y consistente de refuerzos y castigos de manera que se establezcan reglas claras que permitan al menor poder controlar su comportamiento y que exista una adecuada relación entre padres e hijos, evitando caer en círculos de des calificaciones, críticas, amenazas ante un comportamiento inadecuado del menos que, además de minar la estima de este, hacen que su mal comportamiento escale.

La intervención con los familiares de los niños con TDAH no debe quedarse en la modificación de los comportamientos inadecuados del niño y además se educa a los padres sobre el TDAH, se les explica los mecanismos biológicos que existen tras este trastorno de manera que sean capaces de ver que el niño con TDAH no tiene problemas de comportamiento a voluntad, sino que no puede o no sabe controlarse. De esa manera son capaces de ponerse en el lugar del niño para comprenderle y poder ayudarle en esos momentos, así como se busca aliviar el posible sentimiento de “culpa” que puede aparecer bajo la creencia de que el comportamiento del menor es una consecuencia única y exclusiva de un “fracaso” como educadores.

Creo que el papel de los padres como coterapeutas es fundamental. Los padres deben ser entrenados en técnicas para ayudar a poner en práctica las autoinstrucciones, el autocontrol y las técnicas de manejo del enfado y la ira. De esta manera pueden ayudar al niño a aplicarlas en entornos naturales y en situaciones cotidianas en las que el niño pueda entrar en conflicto, para poder ayudarles en el manejo de sus frustraciones, ayudarles en la resolución de problemas (no solo comportamentales, sino toma de decisiones, a la hora de hacer deberes, etc.) .También es importante instruir a los padres para que el niño lleve una vida estructurada y organizada, de manera que sean capaces de anticiparse a las situaciones que pueden generar conflicto o frustraciones, como potenciar el uso de agendas pare evitar olvidos, etc

Por otro lado los padres, como personas muy cercanas al niño, son cruciales en el mantenimiento de la autoestima del menor y es importante que refuercen las habilidades sociales del niño, ejerciendo de modelos adecuados de socialización y fomentando el apego seguro del menor.

¿Cómo puede ayudar la psicología en el control de peso?

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La comunidad médica asegura que son dos las claves principales para perder o controlar el peso: establecer unas pautas de alimentación adecuadas e instaurar hábitos que nos lleven a una vida menos sedentaria.

Así, una persona que sigue unas pautas guiadas de alimentación y realiza un ejercicio físico pautado tiene que reducir peso al disminuir su ingesta calórica y aumentar sus necesidades de energía. La aritmética así lo asegura, pero todos los que hemos iniciado una dieta sabemos que no es fácil cumplirla a rajatabla, resistiéndose a las tentaciones, ni tampoco somos capaces de instaurar hábitos que sean perdurables en el tiempo.
Muchas personas al salir de la consulta con el médico o con el nutricionista se encuentran solas ante el peligro, acompañadas tan sólo de un papel en el que se incluye las comidas a realizar en los próximos días y con la indicación de “haga más ejercicio” y, eso sí, con mucha determinación para esta vez sí cumplir lo que en el papel se indica. Sin embargo está comprobado que casi el 50% de las personas que inician una dieta tienen deslices las primeras semanas, únicamente el 25% alcanza su peso objetivo y tan solo un mínimo porcentaje consigue mantenerlo más allá de un año.
Resulta claro que hay aspectos que influyen más allá de saber qué es lo que tenemos que hacer para controlar el peso, y estos son factores de índole emocional, de la gestión de los pensamientos y conductas que pueden interferir en el control de peso. Aquí la psicología adquiere gran relevancia, pues nos puede ayudar a conseguir cambios de conducta y estilos de vida más saludables y es fundamental en personas que, además de querer conseguir un peso más saludable, tienen añadidos otros problemas que pueden también influir en su peso, como son la depresión, la ansiedad, los trastornos alimentarios, enfermedades crónicas etc.
Con asesoramiento y acompañamiento del psicólogo, conseguirá cambiar las conductas alimentarias y los pensamientos poco saludables, realizando una exploración de tu caso concreto, tus hábitos y tu contexto para poder realizar una intervención a medida que seguirá unas pautas que serán similares a las siguientes, propuestas por APA (Asociación de Psicología Americana). Fuente. INFOCOP.

• Registrar sus conductas
: Las investigaciones señalan que las personas que llevan un registro diario de sus comidas, tienen más éxito a la hora de perder peso. Anote sus pensamientos, sentimientos, e información sobre el entorno (que comió, cuándo y qué estaba haciendo). Esto le ayudará a entender sus conductas alimentarias, y a identificar áreas de cambio.
• Registrar nivel de actividad: Este es otro aspecto importante del autoregistro. Incluye no sólo la cantidad de ejercicio que realiza, sino también su grado de actividad a lo largo del día. Una táctica útil aquí, puede ser el uso de un podómetro para registrar el número de pasos diarios.
Establecer comidas regulares: Hay pacientes que prescinden del desayuno con frecuencia, pensando que, de este modo, se reducen calorías o “se ahorran” para más tarde. Lejos de beneficiar, saltarse las comidas puede ralentizar su metabolismo, hacerle más propenso a “atracones” de comida, y tener un efecto negativo sobre su salud.
• Practicar “alimentación consciente»: La investigación muestra que las personas con problemas de alimentación no suelen prestar atención a si realmente se sienten hambrientos cuando comen. Los psicólogos pueden ayudar a aprender ejercicios de conciencia plena para incrementar este conocimiento, y hacer que la comida sea más agradable.
• Identificar factores asociados con las comidas: A veces, las personas pueden asociar ciertas emociones, experiencias o actividades diarias con conductas particulares. Por ejemplo, si usted come normalmente viendo la televisión, su cerebro hace una asociación entre la alimentación y la TV. En este caso, puede comenzar a romper esta asociación, evitando comer mientras está sentado frente a la pantalla.
• Reconocer emociones: Es importante averiguar qué está sucediendo emocionalmente mientras picotea, come en exceso o elige alimentos poco saludables. Identifique el sentimiento: ¿Es aburrimiento, estrés o tristeza? Es necesario que los pacientes determinen si en realidad están hambrientos o simplemente comen en respuesta a una emoción. Si usted no tiene apetito, trate de satisfacer la necesidad de otra manera.
• Modificar pensamientos y conductas poco saludables: Reforzar conductas saludables es importante de cara a lograr sus metas de control de peso. Frecuentemente, el tener que cambiar hábitos relacionados con la salud suscita pensamientos y sentimientos negativos en las personas, que ven el proceso como un castigo. A este respecto, algunos tienen una actitud de “todo o nada”, identificando la pérdida de peso en términos de “seguir o no seguir una dieta”. La labor de los psicólogos aquí es ayudar a hacer frente a los sentimientos negativos y encontrar maneras de recompensar los cambios saludables en sus hábitos alimentarios.

Soluciones para una mejor comunicación en la pareja

La mayoría de problemas de la relación de pareja suelen tener su base en estilos comunicativos y en patrones de relación, y es por ello que, como indicación general, las siguientes directrices, adaptadas a las características particulares de la pareja, son las que solemos dar en consulta para incrementar la comunicación positiva entre sus miembros.

 

  • Aumentar y potenciar el intercambio positivo: las parejas con problemas no suelen ejercer intercambio positivo entre ellos, por lo que les animamos para que se hagan y se agradezcan detalles, que se piropeen y se den cumplidos, que se gratifique al otro etc.
  • Dotar de herramientas para manejar los momentos de hostilidad y de mal humor que irremediablemente van a darse. Es importante prevenir la ocurrencia de los mismos tratando de evitar las situaciones potencialmente conflictivas, impedir que se desarrollen o abortarlas tajantemente. Por ejemplo ignorar el mal humor del otro, cambiar de tema, expresar empatía, o solicitar “tiempo muerto” para tratar ese tema en otro momento cuando se esté más calmado.
  • Modificar el estilo comunicacional, de manera que se incremente la escucha activa y que se permita al otro expresar sus sentimientos, quejas, preocupaciones, etc. y se vea “atendido”.
  • Expresión de sentimientos de manera directa: se trata de decir soy yo quien me siento triste o enfadado, en vez de me pones triste o me enfadas. No acusar al otro, sino expresar los sentimientos propios de manera asertiva y no agresiva.
  • Expresión de sentimientos positivos: con el paso del tiempo se pierde la costumbre de expresar los sentimientos positivos que se ven en las parejas que llevan menos tiempo, la expresión de la felicidad, de la alegría, el azul del cielo y el brillo del sol, el amor por el otro, requerirá la participación activa de ambos.
  • Habilidades de resolución de problemas: las parejas con problemas no saben resolver sus conflictos de una manera asertiva y empática y pacifica.

Como estrategias para potenciar un intercambio positivo mutuo se puede proponer a la pareja que ha dejado de complacerse que instauren unos días a la semana, por ejemplo los miércoles y los sábados (un día laborable y otro de fin de semana) en los que se busca hacer el máximo de agrados el uno al otro. Para ello se pone en práctica la técnica de “pille a su pareja haciendo algo agradable…” así que cada uno registrará las actividades y detalles que el otro ha realizado y que han sido especialmente positivos para el otro. No nos vamos a limitar en registrarlos en una hoja, sino que se gratifiquen en el momento. Esto va unido a que en ese día hay que intentar agradar al otro el máximo, haciendo cosas como traer el desayuno a la cama, hacer un masaje en los pies, una caricia, un abrazo, hacer comentarios positivos sobre el peinado, la ropa, etc

Si el problema de la pareja reside en que alguno o ambos miembros tienen la sensación de no ser escuchados, puede ser debido y de hecho suele ser así, a que el otro muestra actitudes y comportamientos que no incitan a la comunicación ya sea por falta de tiempo, por cansancio , etc.

Para paliar esta sensación y enseñar a desarrollar la escucha activa se le da a la pareja las siguientes instrucciones (Goldstein, 1981) :

a) adoptar una postura activa en la escucha, b) mantener contacto visual mientras se escucha, c)ponemos cara de atender, d) animamos al que habla con nuestros gestos. Decimos lo siguiente: a) incentivos verbales (ah si?), b) usamos tono adecuado, c) no emitimos juicios de valor; d) repetimos el mensaje que creemos que nos envían.

para desarrollar estas habilidades solemos practicar previamente en consulta, utilizando técnicas de role playing, en las que la pareja van tomando posiones de hablador y de oyente por turnos y fomentando el ambiente distendido, la intimidad y complicidad de la pareja y por supuesto evitando las críticas negativas.

Esto se seguirá con entrenamiento en casa, con una grabadora en mano, sobre conversaciones suyas que se desarrollen espontáneamente.

Las extraescolares en los adolescentes

No vale con que los adolescentes ocupen parte de su tiempo libre en actividades, estas deben cumplir con determinadas características si queremos que realmente contribuyan a un desarrollo positivo del adolescente. En primer lugar debemos cambiar de paradigma y pasar de un modelo que pretende poner freno a conductas de riesgo (modelo de déficit) a un modelo en el que se potencia el desarrollo positivo y emocional (modelo de competencias) en la creencia de que un joven con recursos y habilidades de manera natural tendrá conductas y experiencias más saludables y enriquecedoras que el resto y se convertirán en personas adultas responsables y respetuosas con los demás.

Las actividades a las que nos referimos deben de estar orientadas a estimular la adquisición de competencias sociales, emocionales, afectivas, empáticas, y cognitivas, entender las propias emociones y las perspectivas de los otros. Por otro lado deben de ayudar a convertir al joven en una persona moral y ética atendiendo a los principios de la justicia social, al mismo tiempo que establecen fuertes relaciones tanto con iguales como con adultos. Con todo esto conseguido estaremos muy cerca de crear en el joven un adecuado sentido de autodeterminación, potenciación de la autoeficacia. Con estos objetivos en mente se deben planificar las actividades, de manera que proporcionen estructura y se realicen teniendo en cuenta el desempeño de los jóvenes, sus habilidades, buscando la adquisición de independencia de manera gradual, poniendo énfasis en fomentar empoderamiento a través de la implicación en actividades atractivas y útiles de las que sean responsables y que contribuyen a crear sentimiento de pertenencia al grupo.

El papel de los adultos en estos programas es muy importante puesto que en estas edades hay que dotarles el equilibrio necesario entre autonomía y la estructura que requieren para el desarrollo de las actividades. Deben por tanto seguir y apoyar los objetivos de los jóvenes, propiciando un clima participativo que les anime a trabajar juntos y adquirir responsabilidades, pero con la debida supervisión para prevenir conflictos al mismo tiempo que construyen un andamiaje. El marco teórico de base sería la Zona de Desarrollo Próximo Vygotskiana.

Numerosos estudios prueban que la implicación de los jóvenes en actividades extraescolares que cumplen con estos criterios realmente tiene un impacto al conseguir jóvenes más implicados con la sociedad y con mayores logros ocupacionales y educacionales. Al mismo tiempo existen estudios que demuestran el efecto protector de estas actividades frente a la comisión de delitos y el desarrollo de conductas problemáticas. La relación entre mayores niveles de autoestima y autocontrol y la participación en actividades, y también se vislumbran ventajas en capacidad de iniciativa, resolución de conflictos, habilidades comunicativas y sociales en general, que van más allá de una selección natural (que los jóvenes que normalmente tienen más desarrollados estas habilidades tenderían a elegir este tipo de actividades)

Por otro lado en una sociedad tan ocupada como la nuestra podríamos tener la duda de si es excesivo para estos jóvenes participar en actividades extraescolares que les quitasen tiempo para el estudio o les proporcionaran mayor estrés al no poder llegar a todo lo que emprenden. De nuevo estudios ponen de manifestó que los jóvenes disponen de mayor tiempo libre del que a priori podemos pensar y que precisamente estas actividades complementan la formación académica en la que desgraciadamente hay poco lugar para la socialización adecuada y el desarrollo e competencias vitales para formar futuros adultos competentes y sociales. Pero para cumplir los objetivos con nota es necesaria la participación de psicólogos tanto en la planificación de las actividades, como en la preparación de los adultos que impartan estas actividades, como en el asesoramiento de los jóvenes en materias que les sean necesarias y en el desarrollo de correctas habilidades sociales y de resolución de conflictos.

¿por qué mi hija sufre anorexia?

La anorexia no puede atribuirse a un único factor, sino que se puede explicar por una conjunción de factores de varias esferas: personal, familiar, cultural-social, ambiental, etc.

En este sentido se han acotado una serie de factores de riesgo que definirían a las personas, con mayor predisposición a padecer esta enfermedad.

Hay factores de riesgo individuales, como son características de la personalidad tales como perfeccionismo, baja autoestima, tendencia a obsesionarse, cierta rigidez de pensamiento, etc que son características que parecen compartir las personas que se encuentran afectadas por anorexia. Incluso hay vinculación entre padecer anorexia y otros trastornos del estado del ánimo como la depresión.

Por un lado parece haber una predisposición genética vinculada a un mal funcionamiento del sistema serotinérgico, no estando claro si este mal funcionamiento sería previo a la enfermedad o consecuencia de ello. Lo que sí que resulta evidente en estudios de genética familiar es que hay una predisposición genética a sufrir este trastorno, aunque como veremos luego, el sistema familiar también juega un papel fundamental.

El inicio de la pubertad parece ser un momento crucial en el desarrollo de este desorden alimentario. La segregación de hormonas en este periodo produce cambios en el cuerpo, como la aparición de los caracteres sexuales secundarios y aumento de peso. También hay cambios psicológicos en esta etapa importantes en la configuración de la propia identidad y autoimagen. En este sentido hay estudios que vinculan la pubertad temprana con riesgos de padecer TCA.

El haber sufrido sobrepeso en la infancia unido a la presión social puede llevar a una mayor insatisfacción corporal y por tanto también un mayor riesgo a que se desarrolle una anorexia u otro TCA.

La cultura de la imagen imperante en nuestra sociedad no ayuda nada. No solo se muestran modelos jóvenes, muy delgadas y sin curvas, sino que se recurre a distorsiones del cuerpo de la mujer a través del Photoshop que son imposibles de reproducir en cuerpos reales (cinturas estrechas imposibles, alargamiento de extremidades, desproporción entre tamaño de cabeza y cuerpo, oquedades donde corresponden carnes, etc).

También influyen las relaciones interpersonales, y dentro de estas parece ser que las relaciones familiares son las que más influencia ejercerían entre los adolescentes, por encima de las relaciones entre amigos. Mellor destaca la influencia de los padres sobre los hijos como “el factor de riesgo más grande de insatisfacción con el cuerpo y de pérdida de peso entre adolescentes de ambos sexos”, sugiriendo que “la familia desarrolla un papel mucho más importante entre los adolescentes, que los amigos y los medios de comunicación”. En este sentido cuando los padres controlan demasiado la alimentación de sus hijos y cuando ejercen presión para que se mantengan delgados (o cuando los padres también viven obsesionados con el propio peso) pueden contribuir a que los hijos desarrollen una imagen corporal negativa con riesgo de realizar conductas de riesgo para la salud.

Aunque por otro lado Shroff y Thompson indicaron que “las influencias de los compañeros, pero no de los padres, se asociaron con la internalización del ideal de delgadez y con comparación social entre las niñas”. Otro estudio, esta vez por Schooler y Trinh, vincula el perfil de uso de la televisión como predictor de insatisfacción con la imagen corporal en niñas, así como el uso de redes sociales y la composición de ideal corporal.

Pero hay muchas personas que cumplen estas características, y se ven igualmente presionados socialmente por mantenerse delgados, pero no desarrollan ningún desorden alimentario. Es por ello que necesitamos además de estos factores de riesgo de otros factores que desencadenen la anorexia.

Entre estos factores tendríamos empezar a realizar dietas restrictivas junto a un ejercicio físico excesivo, sufrir cambios físicos y emocionales rápidos, situaciones de estrés y ansiedad, rupturas o pérdidas, trastornos emocionales de algún tipo, que acelerarían el avance de la enfermedad y provocarían la entrada en un círculo vicioso.

Entrarían igualmente en juego factores mantenedores; agravando la situación, acelerando la pérdida de apetito y pérdida de peso, actuando como reforzadores de la conducta. Entre estos factores estaría el miedo obsesivo a engordar, es decir a volver a estar “gorda/o”. Podría producirse un rechazo total a la comida, una fobia a la misma y al acto de comer. La propia desnutrición y desbalance metabólico provocaría falta de energía, de motivación, que no contribuiría a sentirse mejor consigo mismo, a la par que una desnutrición prolongada provoca cambios en los neurotrasmisores que podrían alterar circuitos de recompensa y placer y producir distorsiones cognitivas sobre la realidad de la propia imagen (se verían siempre gordos).

Llegados a este punto, en el que es patente la existencia de un problema serio, la presión de los demás para que abandonen sus dietas, podría tener un elemento reforzante por la atención que ahora se vierte sobre ellos, pero también un componente de resistencia al cambio, que contribuiría a evitar situaciones en las que está presente el comer: comedores del colegio, comidas familiares, reuniones con amigos, etc. Que puede tener consecuencias en sus relaciones sociales, empeorando estas y agravando el problema de autoestima y autoimagen.

Espacios verdes y desarrollo cerebral infantil

Mucho se habla de la importancia de que los niños que viven en ciudades tengan acceso a zonas verdes, zonas con menos contaminación y donde puedan jugar y campar a sus anchas. Además de los obvios efectos físicos que produce tener acceso a zonas amplias donde poder realizar deportes, correr y subir a los arboles, lo que proporciona fuerza y vitalidad, no son menos los efectos sociales y anímicos o las mejoras en coordinación y destrezas. A todos estos efectos positivos tenemos que sumarles también efectos cognitivos y madurativos en los cerebros de los más pequeños.

Un equipo de investigación ha estudiado la relación que existe entre la exposición a los espacios verdes en la escuela y el desarrollo cognitivo en niños de primaria y concluyen que el contacto con la naturaleza desempeña un papel fundamental e insustituible en el desarrollo cerebral.

Veamos cómo han llegado a estas conclusiones. Se llevó a cabo un estudio en 36 escuelas de Barcelona que comprendía a 2.593 alumnos de primaria de 7-10 años. Estas escuelas estaban situadas en distintos entornos, algunas en barrios con más parques, otras con más zonas verdes en el patio, etc. Se supervisa cada tres meses los cambios en las medidas cognitivas de estos alumnos y la exposición a la naturaleza verde con datos vía satélite dentro de los colegios y en el entorno de los mismos. De esta manera se intenta comprobar la asociación entre la maduración cognitiva y la exposición a los espacios verdes en el hogar y la escuela.

Comprobaron que los niños de las escuelas que tienen mayor exposición a espacios verdes mostraban una mejor capacidad mental para manipular de forma continua y actualizar las facultades de información conocidas. Entre ellas destaca la memoria de trabajo y la de trabajo superior, y una reducción de la falta de atención, independientemente de la etnia, la educación de la madre y el empleo de los padres. Además, llegaron a cuantificar este efecto, puesto que incrementar un 25% el espacio verde podría suponer un 5% en la memoria de trabajo, un aumento del 6% en la memoria de trabajo superior y una reducción de 1% en la falta de atención.

Otro hallazgo de este estudio es que la contaminación del aire relacionada con el tráfico representaba el 20-65% de las asociaciones estimadas entre el verdor de la escuela y el desarrollo cognitivo, es decir que parte de la influencia de los beneficios de los espacios verdes en el desarrollo de los niños sería el efecto reductor de contaminación que los espacios verdes ejercen en el ambiente.

En la misma línea se manifiestan la mayoría de estudios sobre la contaminación y sus efectos cerebrales en el desarrollo cognitivo. Los niños que viven en ambientes más sucios y contaminados presentan también más dificultades de aprendizaje y memoria. Aunque todavía no se ha determinado los mecanismos de este efecto, parece ser que las partículas contaminantes podrían traspasar la barrea hemato-encefálica, llegar al cerebro y alterar el funcionamiento de los neurotransmisores afectando por tanto a las conexiones entre las neuronas que componen el cerebro y la estructura de las mismas, sobre todo en los cerebros en formación de nuestros niños.

Marian Lacruz • Psicóloga • CV-12698